lunes, 22 de junio de 2009

Un mail no enviado (con un final adaptado)



Ella se toca, siente, acaba y se entristece...
y la tristeza se transforma en ira que impulsivamente se tornan palabras que a duras penas contiene.

Quiere que el sienta su rabia pero su orgullo pesa antes de la cuarta palabra… deseaba que la recordaras pero ya no puede incordiarlo, no la sacia, ya no la calma…

Sigue añorando aun que el todo se ha reducido al sexo que hoy no tiene, a sus juegos tan secretos como su paso por sus días, a las fantasías que los calentaba en las cuales se perdían a distancia para terminar en aquellos orgasmos de soledad compartida únicamente a través de la palabra.

O en las otras que si realizaban y disfrutando como locos, sin miedos ni peros, unidos por el deseo de experimentar lo nuevo… lo que hasta ese instante era lo prohibido. Juegos inocentes pero cargados de erotismo por una confianza única y mucho me temo que irrepetible.

Excitación acumulada por las ansias del tiempo que los encontraba dispuestos antes incluso del mas mínimo roce al cerrar la puerta… tanto en tan poco tiempo.

Solo dios sabe cuanto extraña ella su cuerpo…

Pero es consciente, ella lo sabe aunque lo niegue, que lo que no se alimenta se muere. Se va consumiendo de a poco.

Aun así todavía, en las escasas noches en que su cuerpo se desvela ella insiste en jugar con los recuerdos sin vida antes que arriesgarse y no tener fuerzas para salir una vez mas adelante.

1 comentario:

ISIDRO R. AYESTARAN dijo...

Cuánta verdad radica en esa frase de tu texto: "lo que no se alimenta, se muere".
Y cuántas veces hemos cabalgado con el mismo ansia y el mismo anhelo... hasta convertilo en pura nostalgia.
En fin...

MIL BESOS