sábado, 16 de mayo de 2009

90 días y ni uno mas...

Solo entonces decidió dejar de esperar y volver a saciar sus ganas con anónimas huellas libres de cualquier oportunidad. Al menos así calmaría su instinto y colmaría su alma con suaves caricias, silenciando su cuerpo sordo y ajeno a un corazón que estancado en el tiempo aun tardaría en llegar.

De mas estaría decir que voluntarios no le faltaban pero era exigente y se tomo su tiempo para elegir mejor esta vez.


Lo esperaba como a el lo espero la ultima vez, sabia por experiencia que la sorpresa daría vida e impulso a un acto esencialmente físico. Ya habían marcado las reglas del juego mientras jugaban a seducirse. No habría ni antes ni después y la ausencia de palabras dejaría que el deseo acumulado se expresara sin traspasar los límites de lo acordado en un aséptico dar y recibir con fecha de caducidad.

Ya que solo se trataba de un polvo sin mas, decidió que por pedir que no quede, así que el plato del día de esta vez era un joven y apetitoso treintañero, con los abdominales marcados en la medida justa, unas manos suaves y unos labios que prometían el cielo al ras del suelo.


Excitada como no se sentia hace demasiado tiempo, esperaba el transcurrir de la breve espera que la separaba del presente que deseaba. No borraría con ello antiguas huellas pero sin duda le daría vidilla al cuerpo y a pesar de sentirse “puta” la idea despertaba todo su instinto. Sabia a consciencia que mas que promiscua era practica y que tarde o temprano alguien debería silenciar la creciente revolución hormonal con la cual empezaba a convivir.


Hay muchas maneras de hacer las cosas y ella hoy había elegido al fin complacer su instinto y no dejar, como siempre su alma en ello.

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