Otra noche en celo, otra en la cual pareciera que mi cuerpo manda y yo, sumisa, me entrego a sus antojos sin valor para contrariar el fuerte impulso que invade y aniquila mis razones.En busca de sexo salgo sin mas metas que saciar el deseo… a merced del instinto camino por esta ciudad que se descubre ajena y inmensa… dispuesta a devorarme a través de sus calles eternas.
Camino sin destino, sumo semáforos, pasos de cebra, no tengo idea de donde estoy y la realidad es que no me importa pero este caminar guiado por la inercia del hambre me lleva frente a su puerta, aquella que solo una vez vi, aquella a la cual, ante el deber de llegar, no encontraría.
Ante una casualidad en la cual no creo, me sorprendo! ¿Cómo he llegado hasta ahí? ¿Es que el inconsciente tiene el olfato de los perros que regresan por mas lejos que estén? Me siento como una perra, una perra caliente a disposición de su esencia.
Me detengo unos segundos, cierro los ojos, se que muy cerca el seguramente ni me recuerda pero se me estremece el cuerpo y lo invento frente a la pantalla, en silencio… y cada tecla que toca rompe el espacio, avanza y me toca, como si cada letra fuera la gema de sus dedos deslizándose suave y preciso desde mi nuca hasta donde brota la evidencia de mi apetito.
Entregada a la imaginación me sitúo, de pie, entre su boca y nuestro medio, esa pantalla que repite, obviando distancias, todo lo que podría ser… casi sin tocar, resbalo mis manos abiertas por su cara, cierro sus ojos y toco sus labios. Con un dedo los recorro, los palpo, lo introduzco. Siento su saliva húmeda, cálida y sigo mi descenso… acerco mi boca a su oído y en un susurro exijo silencio… fuera de su pequeño bunker su ascendencia duerme, lo que provoca en mi una excitación que se multiplica quizás por el vago recuerdo de una adolescencia osada.
Entre sus entrepiernas me siento dueña y señora, sumo mi habilidad a un año de espera y tengo la certeza que con el rozar de mi lengua podría explotar y desarmarse entre mis labios… su miembro, ahora entre mis manos cálidas, se muestra erguido y exuberante. Las muevo con una suavidad infinita y me detengo ante el espasmo… vuelvo a su oído y emano en un suave susurro… “aun no”… la meto en mi boca y en un delicado ir y venir disfruto de la suavidad de su verga tocando mi paladar.
Ya no es puro deseo, este se entremezcla con una necesidad sin control, necesito esa leche que una y mil veces he visto sin sentir… necesito su yo penetrando mis entrañas, diluyéndose mas allá de mi vagina ansiosa.
En un instante he girado, me he sentado y he sentido su calor sin preámbulos entre mis piernas, su mano ahora desenfadada, aprieta con fuerza mi pezón y entre el dolor y el placer mi cuerpo se retuerce sobre el suyo. Con mis dedos, frenéticos sobre mi clítoris enardecido sigo el compás de mi cuerpo… galopa mi cuerpo, galopa mi corazón, mi respiración y la suya… por un instante disfrazado de eternidad somos uno y mientras su leche se derrama en mi interior, las contracciones le anuncian que yo también soy feliz.
…abro los ojos y sigo ahí, frente a su puerta, totalmente húmeda y desamparada.
Maldita mente que todo lo daña, maldita razón sin razón que todo lo bueno lo censura sin piedad.







